UN MUNDO DE PERSONAS CREPE



El dramaturgo estadounidense Richard Foreman denunciaba ya en 2005 que el problema inmediato que conlleva el hiperdesarrollo de la red y su tecnología no es tanto la sobrecarga de información que el ser humano se ve obligado a cribar y sintetizar, sino que ya no es capaz de entenderla y se ve obligado por ello a limitarse a recibir cortos eslóganes de nula profundidad intelectual. Justo lo que le sirve internet (y en especial las redes sociales) en bandeja.

Al vaciarnos el actual sistema educativo y mediático de nuestro denso repertorio de referencias culturales, nos convertimos en "personas crepe", es decir, "personas que expanden lo superficial y carecen de hondura por conectarse a una vasta red de información accesible mediante la simple pulsación de un botón".
La mayoría de la gente usa su entendimiento por "protocolos" previamente establecidos. Su cerebro funciona como el de un ordenador, activándose o desactivándose en ellas unas reacciones muy específicas en función de la presencia en el texto que 'lee' de determinados términos combinados. Pero leer-leer, no lee; simplemente identifica modelos diferenciados por criterios emocionales burdos, no racionales, pues éstos exigen un funcionamiento sutil del intelecto y unas conexiones profundas de las que carece, y se adhiere al que corresponde según le persuade el manipulador de turno.
Por eso no se puede nunca razonar con la "persona crepe", que es la que más abunda hoy en día.
Es inútil.

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